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lunes, 31 de marzo de 2008

Eduardo Galeano


Drew Barrymore caracterizada como Chaplin


El Cine

Geraldine iba a trabajar en una película, en alguna aldea metida en las montañas de Turquía.
La primera tarde, salió a caminar. No había nadie, casi nadie, en las calles. Pocos hombres, mujer ninguna. Pero a la vuelta de una esquina, se topó, de sopetón, con un enjambre de muchachos.
Geraldine miró a los costados, miró hacia atrás: estaba cercada, no tenía escapatoria. La garganta se negó a gritar. Sin palabras, ofreció lo que tenía: el reloj, el dinero.
Los muchachos rieron. No, no era eso. Y hablando algo más o menos parecido al inglés, le preguntaron si ella era la hija de Chaplin.
Geraldine, atónita, asintió. Y recién entonces advirtió que los muchachos se habían pintado bigotitos negros, y que cada uno tenía una rama a modo de bastón.
Y la función empezó.
Y todos fueron él.

sábado, 29 de marzo de 2008

Márgara Sáenz


OTRA VEZ AMARILIS


El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.

Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.

Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote,
te gózame, me amándonos, decíamos.

¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quién pega de alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?

¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
qué casada cuidadosa del cornudo.

Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
muera para siempre, que se te pudra si regresas.

Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
donde quieras. Tú me observabas igual que un
entomólogo, eras un médico lascivo examinando
una muchacha muerta de amor: no hables, eres
una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui un durazno de esos
que se abren con la mano.

Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde,
separando con suavidad mis carnes, descubriendo
lo que ni yo conozco, mi zona más oscura, la que
guarda esa caricia atroz, obscena y tuya que no
olvido.

Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has
negado tu cuerpo, el que gustaba mirar impúdico y
erecto viniendo a mí, el tuyo que era el mío.
Concédeme esto entonces: anda a otro sitio a hacer tus
porquerías.

O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado, ya
no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede sino
juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no existe más
nosotros. Uno y uno, dos solos: yo y esa mierda que
tú soy y yo añoras, desgraciado.



Márgara Sáenz, pensaba yo hasta hace unos meses, era ecuatoriana (Guayaquil, 1937-1964). Un vago azar me llevó a la siguiente dirección y me topé con que es resultado de una invención... ¿será? ¿no será? Dejo el link a manera de puerta abierta e invitación por si a alguien, como a mí, le diera curiosidad... http://grupobusetadepapel.blogspot.com/2007/09/el-extrao-caso-de-la-poeta-guayaquilea.html

viernes, 28 de marzo de 2008

María Soledad Ríos



Voy a rasgar
tus recuerdos
y como a piedras
de un dominio
viejo
los iré lanzando
al río
para que de rodar
se vuelvan canto.


María Soledad Ríos. 
Poeta venezolana.

lunes, 24 de marzo de 2008

Jaime Sabines


La despedida (1958). Remedios Varo.


He aquí que tú estás sola y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.

Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

De los diarios de Alejandra Pizarnik


Soy yo quien se va
pero eres tú quien me dice que me vaya:
no has venido.

(17 de enero de 1961)

Un monstruo me persigue. Yo huyo. Pero es él quien tiene miedo, es él quien me persigue para pedirme ayuda.
(19 de enero de 1961)

Me pregunto quién inventó la expresión "ganarse la vida" como sinónimo de "trabajar". En dónde está ese idiota.
(23 de julio de 1962)

Porque ya entonces presentí que lo peor que me iba a pasar era que nada me pasaría.
(28 de julio de 1962)

¿Quien muere de sed y no bebe porque no se le ocurrió nunca unir el acto de beber al de tener sed?
(30 de julio de 1962)

Una criatura vegetal crece
con las lágrimas que llora

(23 de diciembre de 1962)

El error es encerrarse a leer y a escribir en vez de aceptar mi más honda vocación que es erótica.

(5 de junio de 1964)


Alejandra Pizarnik (1936-1972).
Poeta argentina.

martes, 18 de marzo de 2008

Anaïs Nin


Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria.A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mí misma.

*

Cuando quedas atrapado en la destrucción,
debes abrir una puerta a la creación.

Anaïs Nin (1903-1977)
Escritora estadounidense. 

jueves, 13 de marzo de 2008

Rosa Montero y Cristina Peri Rossi




Quisiera aprovechar esta ocasión, sin embargo, para intentar hacerles comprender que la homosexualidad no es la mariconería que ustedes condenan y suponen torpemente. Homosexuales eran, en el mundo clásico, todos los héroes, los genios y los santos. Homosexual era Platón y Sócrates, y Arquímedes, y Pericles. La homosexualidad es un resultado natural de la extrema sensibilidad y delicadeza. Se puede ser homosexual y heroico, homosexual y porfiado luchador. Como Alcibíades, el gran general cuya biografía narra Plutarco. Como los trescientos legendarios héroes que formaban la Cohorte Sagrada de Tebas, una cohorte imbatible que basaba su fuerza en estar compuesta por amados y amadores, por enamoradas parejas de guerreros que luchaban espalda contra espalda y que redoblaban sus esfuerzos en combate para defender a su adorado compañero.

Rosa Montero. 
Escritora española, magnífica ensayista. 
Lo anterior es un fragmento del relato Paulo Pumilio y lo tomé del libro "Amantes y enemigos". Recomiendo de ella dos libros "Pasiones" (el prólogo es maravilloso) e "Historias de mujeres". Son fáciles de conseguir en la editorial Punto de Lectura y no son caros.
·




REMINISCENCIA

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.

Cristina Peri Rossi. 
Poeta Uruguaya.
Tomado del libro "Diáspora".

martes, 11 de marzo de 2008

Julia Menéndez

Malecón de la Habana. © Bob Krist

En el amor
lo difícil es curarse,
lo fácil, padecerlo.
Lo común no sentirlo,
lo extraño, llevarlo dentro.
Lo sencillo mencionarlo,
lo complicado, reconocerlo.
Lo perdonable sufrirlo,
lo imperdonable, el exceso.
Lo terrible es el olvido,
lo maravilloso, el tiempo.

*

Padezco de romanticismo,
un mal congénito que desafortunadamente
no es contagioso y del que mejoro
sólo a ratos.

*

Estréname amor,
me hice nueva para ti.

*

Un beso fue mucho,
todos no bastaron.

*

No me resigno
a no querer mirar la luna y las estrellas
y a no subrayar una frase bella en un poema.
No me resigno
a no bajar la mirada infantilmente
cuando otros ojos me miran indiscretamente.
No me resigno
a no sonrojarme ante un halago
y a no avergonzarme de lo que hago.
No me resigno
a no excitarme al contacto de una mano
y a no perder el sentido con el roce de unos labios.
No me resigno
a no temblar de deseos
y no quedarme sin aliento después de un beso.
No me resigno
a estar viva sin saberlo
y mucho menos a morir día a día sabiéndolo.
No me resigno
a no recordar el rostro del amor
y a resignarme a todo esto.

*

No te he aprendido,
nací sabiéndote.
No te he reconocido,
te sé de memoria,
amor.
Julia Menéndez es actriz y nació en La Habana.
Es una maravillosa narradora. Cuba se llena de luz, de vida y se muere de nostalgia en su escritura. Ojalá la vida le haga justicia para que podamos leerla como se lo merece.

lunes, 10 de marzo de 2008

Cuento



Carilda Oliver Labra. 
Poeta cubana.

Yo era débil,
rubia, poetisa, bien casada.
Tenía deudas
y una salud de panetela blanca.
Hicimos una casa pobremente,
muchas ventanas:
para enseñar nuestros besos a las nubes,
para que el sol entrara.

La casa era tan bella
que tú nunca dormías.
Ya no eras abogado ni poliomielítico
ni nada.
Nunca dije:
¿cuándo vas a poner esa demanda?
porque yo tampoco
cocinaba.

Fueron días
como no quedan otros en las ramas.
Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio:
tus gatos lo orinaban,
pero era tan feliz que no podía
decir malas palabras.
Ay, una tarde...
(Septiembre tomó parte en la desgracia),
Ay, una tarde
(Dios estaría sacando crucigramas);
ay, una tarde
pusiste tantas piedras en mi saya
que desde entonces
ando inventándome la cara.
El cuchillo
tenía la forma de tu alma;
yo quería ser otra, hablar de las estrellas...
(sobraron noche y cama).
Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho:
tus gatos lo orinaban,
y era tan infeliz que no podía
decir buenas palabras.

Tarde en otoño.
Miré las sábanas amargas,
el jarro de la leche,
las cortinas,
y el crepúsculo me convirtió en su mancha.
(Yo era un clavel podrido de repente,
un canario botado).
Con empujones que lo gris me daba,
entre temblores,
volví a la falda
de mi madre.

Pasaron tantas cosas
mientras yo me bebía la soledad a cucharadas...

Un viernes
-un viernes en que tu olvido me enterraba-
llegué a la esquina
de la casa.
Estaba allí como una tumba diferente,
se veía otra luz por las ventanas.
Tuve miedo de odiar...
(Ya era hasta mala).

Pasaron tantas cosas;
el tiempo fue cosiendo mi mirada.

Ahora no pueden asustarme con los truenos
porque la luz me alza.
Ahora no pueden confundirme con un libro.
Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse,
agujas que en mi carne se desmandan;
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja;
ríanse,
que a mí, también, carajo, me da gracia!

viernes, 7 de marzo de 2008

Ítaca




Konstantino Kavafis, (1863-1933).
Poeta griego.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

jueves, 6 de marzo de 2008

Ana María Shua


Naufragio


¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.


Robinson desafortunado


Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Cuando tú me elegiste



Pedro Salinas. 
Poeta español.

Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.

lunes, 3 de marzo de 2008

Pita Amor


Se cuenta que una tarde Pita Amor en una de sus andanzas por la zona rosa se encontró a María Félix caminando. Se limitó a mirarla de lejos y le escribió estos versos:

Ayer te vi rodeada por la tarde,
ibas como un cuchillo desafiando el aire...



... y así como le escribía esas linduras que sugieren en el imaginario el porte de la Félix al caminar, así también, con la misma facilidad, locura y arrebato que la hizo leyenda, Pita Amor se paraba a su lado y le preguntaba a los demás: ¿Verdad que soy más bonita?


Uno de los versos que más me han gustado
entre lo que he leído en la vida, son de Pita:


Si vosotros sabeis lo que es la noche
os ruego que entendais mi oscuridad.