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viernes, 12 de octubre de 2007

Antonio Porchia


Antonio Porchia. Argentino.
Aforismos tomados del libro "Voces".

. No creo en nada de lo que tú crees. ¡Y te creo a ti!
. Las cadenas que hemos roto son las que más nos encadenan.
. Quien me tiene de un hilo no es fuerte; lo fuerte es el hilo.
. Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.
. Hay dolores que han perdido la memoria y no recuerdan por qué son dolores.
. Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.
. El hombre, cuando sabe que es una cosa cómica, no ríe.
. Quien busca herirte busca tu herida, para herirte en tu herida.
. Algunas cosas se hacen tan nuestras que las olvidamos.
. Cerca de mí no hay más que lejanías.
. Sí, me apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.
. Te asusta el vacío, ¡y abres más los ojos!
. El temor de separación es todo lo que une.
. Cuántos, cansados de mentir, se suicidan en cualquier verdad.
. El misterio te hizo grande: te hizo misterio.
. Mi corazón me duele a mí. Y no debiera dolerme a mí, porque no vive de mí, ni vive para mí.
. Nadie es luz de sí mismo. Ni el sol.
. Los niños que nadie lleva de la mano son los niños que saben que son niños.
. El amor, cuando cabe en una sola flor, es infinito.
. Los que dieron sus alas están tristes, de no verlas volar.
. Vemos por algo que nos ilumina, por algo que no vemos.
. Saber morir cuesta la vida.
. El recuerdo es un poco de eternidad.
. Creías que destruir lo que separa era unir. Y has destruido lo que separa. Y has destruido todo. Porque no hay nada sin lo que separa.
. Porque saben el nombre de lo que busco ¡creen que saben lo que busco!
. Creen que moverse es vivir. Y se mueven, no para vivir. Se mueven para creer que viven.
. Mi alma tiene todas las edades, menos una: la de mi cuerpo.

jueves, 11 de octubre de 2007

Jorge Luis Borges


1964

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa te desgarra
y te puede matar una guitarra.



II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges. Argentino.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Delmira Agustini

Fusión de hombre y mujer. © Vicky Emptage



MIS AMORES


Delmira Agustini (1886 - 1914). 

Poeta Uruguaya.

Hoy han vuelto.
Por todos los senderos de la noche han venido
a llorar en mi lecho.
¡Fueron tantos, son tantos!
Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
Me lloraré yo misma para llorarlos todos.
La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
Hay cabezas doradas a sol, como maduras.
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
cabezas coronadas de una espina invisible,
cabezas que son rosa, la rosa del ensueño,
cabezas que se doblan en cojines de abismo,
cabezas que quisieran descansar en el cielo,
algunas que no alcanzan a oler a primavera,
y muchas que trascienden a las flores de invierno.
Todas esas cabezas me duelen como llagas,
me duelen como muertos.

¡Ah! Y los ojos... los ojos me duelen más: ¡son dobles!
Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
abrasan si fulguran,
son caricias, dolor, constelación, infierno.
Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.
Ellos me dieron sed de todas esas bocas,
de todas esas bocas que florecen mi lecho:
vasos rojos o pálidos de miel o de amargura
con lises de armonía o rosas de silencio,
de todos esos vasos donde bebí la vida,
de todas esos vasos donde la muerte bebo.
El jardín de sus bocas, venenoso, embriagante,
en donde respiraban "sus almas" y "sus cuerpos".
Humedecido en lágrimas
han rodeado mi lecho...

Y las manos, las manos colmadas de destinos,
secretas y alhajadas de anillos de misterio...
Hay manos que nacieron con guantes de caricia,
manos que están colmadas de la flor del deseo,
manos en que se siente un puñal nunca visto,
manos en que se ve un intangible cetro;
pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
en todas, todas ellas, puede engarzar un sueño.
Con tristeza de almas se doblegan los cuerpos,
sin velos, santamente vestidos de deseo.
Imanes de mis brazos, panales de mi entraña
como invisible abismo se inclinan en mi lecho...
¡Ah, entre todas las manos, yo he buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
de todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
de todos esos ojos, ¡tus ojos sólo quiero!
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
tú has llegado el primero por venir de más lejos...
¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
la palidez extraña que doblé sin saberlo,
ven a mí: mente a mente;
ven a mí: cuerpo a cuerpo.
Tú me dirás que has hecho de mi primer suspiro.
Tú me dirás que has hecho del sueño de aquel beso.
Me dirás si lloraste cuando te dejé solo
¡y me dirás si has muerto!

Si has muerto,
mi pena enlutará la alcoba lentamente,
y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tinieblas,
y en la tiniebla ahondada de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse
nuestro hijo: el recuerdo.


martes, 9 de octubre de 2007

Vinicius de Moraes



PARA UNA NIÑA CON UNA FLOR

Porque eres una niña con una flor y tienes una voz que no conozco, te prometo amor eterno...

Y porque eres una niña con una flor y has llorado en la estación de Roma porque nuestras maletas siguieron viaje solas hacia París y te apenaste tanto por ellas, que partían así en mitad de todas aquellas maletas extranjeras. Y porque cuando sueñas que te abandono transfieres tu d.d.c. a mi vida cotidiana y te enfadas conmigo durante todo el día como si yo tuviera la culpa de que seas tan subliminal.

Y porque cuando te empecé a gustar procurabas saber a toda costa con qué camisa iba a salir para hacer mimetismo de amor, vistiéndote con ropa parecida. Y porque tienes un rostro que está siempre en una hornacina, incluso cuando te echas el cabello hacia delante como una santa moderna, y andas despacio, y hablas a treinta revoluciones por minuto pero sin resultar pesada. Y porque eres una niña con una flor, te vaticino muchos años de felicidad, por lo menos hasta que yo sea viejo: pero sólo cuando haga aquella paradita maliciosa para mirar hacia atrás podrás irte, lo comprenderé.

Y porque eres una niña con una flor y tienes andar de paje medieval; y porque cuando cantas ni siquiera un mosquito oye tu voz, y desafinas tan bien y después entonas, y a veces te despiertas en mitad de la noche y empiezas a cantar como una loca. Y porque tienes un osito llamado Nounouse y le hablas mal de mí, y él escucha pero no está de acuerdo porque es de mi cuerda, y cuando te sientes perdida y sola en el mundo te acuestas agarrada a él y lloras como una tonta poniendo la boca así de grandes.

Y porque eres una niña que no parpadea nunca y tus ojos fueron hechos el primer día de la Creación, y eres capaz de mirarme durante horas. Y porque eres una niña que tiene miedo de verse en el espejo, y cuando te miro durante mucho tiempo te vas poniendo nerviosa hasta que digo que estoy jugando. Y porque eres una niña con una flor y has cautivado mi corazón y te encanta el puré de papas, te pido que me consagres como tu Constante y Fiel Caballero.

Y siendo una niña con una flor, te pido también que nunca más me dejes solo, como durante aquel último mes en París; todo se convierte en una calle silenciosa y oscura que no va a dar a ninguna parte; los muebles se detienen mirándome con pena; es un vacío tan grande que las otras mujeres ni siquiera se atreven a amarme porque lo darían todo por tener un poeta lamentándose por ellas, la mano en la barbilla, las piernas cruzadas tristemente y aquella mirada que no ve.

Y porque eres la única niña con una flor que conozco, te escribí una bonita canción, "Mi enamorada", para que, cuando yo muera, tú, si no has muerto también, te acuestes abrazada a Nounouse cantando sin voz aquel fragmento en el que digo que tú "tienes que ser la última estrella, mi amiga y compañera, en el infinito de nosotros dos".

Y ya que eres una niña con una flor y te estoy viendo subir ahora tan pura entre las margaritas- por la ladera que conduce a nuestra casa, aquí en estas montañas recortadas por la mano profética de Guignard; y mi corazón, como cuando me dijiste que me querías, se ha puesto a latir cada vez más deprisa.

Y porque me levanto para abrazarte, y el bosque a nuestro alrededor empieza a murmullar y se llena de luciérnagas mientras la noche cae con sus secretos, sus muertes, sus sorpresas, sé, ah, sé que mi amor por ti está hecho de todos los amores que he tenido, y tú eres la hija predilecta de todas las mujeres que he amado; y que todas las mujeres que he amado, como tristes estatuas a lo largo de una alameda en un jardín nocturno, te han ido pasando de mano en mano, de mano en mano hasta mí, lavándote el rostro y adornando tu frente con guirnaldas, te han ido pasando hasta mí entre cantos, súplicas y gritos... porque eres hermosa, porque eres cariñosa y sobre todo porque eres una niña con una flor.

Vinicius de Moraes es Brasileño.
*

lunes, 8 de octubre de 2007

Lewis Carroll




Fragmento del capítulo 6 de “Alicia en el país de las maravillas”.

Al verla, el Gato se limitó a sonreír. "Parece simpático", aunque con esas uñas tan largas y tantos dientes mejor sería tratarlo con respeto.
—Gato Cheshire —comenzó con cierto temor, sin saber si le agradaría ese nombre.
Él sólo sonrío un poco más.
"Parece que eso le gusta". Prosiguió: —¿Podría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
—Eso depende de a dónde quieras ir —respondió el Gato.
—A decir verdad no me importa mucho...
—Entonces no importa qué camino tomes...
—... siempre y cuando llegue a alguna parte —continuó Alicia a modo de explicación.
—¡Oh, llegarás, puedes estar segura, si caminas lo suficiente!
Eso era innegable, por lo que trató con otra pregunta:
—¿Qué clase de personas viven por aquí?
—Hacia allá —respondió el Gato, señalando con su pata derecha— vive un Sombrerero y hacia allá vive una Liebre de Marzo. Visita a cualquiera de ellos: ambos están locos.
—Pero yo no quiero estar entre locos —protestó Alicia.
—¡Oh, eso no puedes evitarlo! Todos estamos locos por aquí. Yo estoy loco y tú estás loca —respondió el Gato.
—¿Cómo sé si estoy loca? —preguntó Alicia.
—Debes estarlo —contestó el Gato— o no hubieras venido aquí.

(...)

—Muy bien —contestó el Gato— y se esfumó muy despacio, comenzando por la punta de la cola y terminando con la sonrisa, que permaneció un rato después de haber desaparecido el resto del cuerpo.
"¡Uf! He visto a menudo gatos sin sonrisa —pensó Alicia—. ¡Pero una sonrisa sin gato es lo más extraño que vi en mi vida!".