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lunes, 1 de octubre de 2007

Carilda Oliver Labra



Reloj de arena de Briggid Collins




GUÁRDAME EL TIEMPO

Vuelves a renovarme el don perpetuo.
Otra vez eres ése
que me enseñó las señales del alba,
el que salvó una hormiga en el borde del vaso.

Vuelves para pedirme que reúna
la corte de los gatos,
que te ampare de aquel golpe en la nuca,
que te dé mi tristeza como un sorbo,
que te recorte alguna uña,
que me moje de ti,
que te alcance el café,
que no oscurezca,
que me case contigo esta noche otra vez.

Se nos quedaron muchas cosas sin hablar.
Necesitamos una cita,
porque
¿a quién le doy tantas caricias
que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?
¿A quién le cuento
que he planchado, creyendo que era tela,
tu perfil de muchacho?

¿A quién convido ahora con mis piernas
y le enseño el jazmín que nació anoche,
y le pongo una abeja a que lo pique,
y le saludo la inocencia?

¿A quién le miento y juro,
a quién le tiro un pan contra la oreja,
a quién le digo que lo odio,
y luego, que lo amo?

¿A quién le digo hijo,
y me lo paso por dentro como un trapo?
Sé bien que estás metido en nuestros átomos,
que te mueves en ese aire que espantó estas páginas
que observas desde los retratos,
que te has caído hoy contra mi pecho
y para que seamos uno solo
hasta este propio corazón
me lo has parado;
sé que estoy muerta
soñando que te busco por el cuarto.

Guárdame el tiempo.
Guárdamelo.

Estoy segura de que puedes.
Así no ha de caer la luna
ni tendrás que morirte en la mañana
y el jueves será eterno
y te besaré siempre como el veinticuatro
de septiembre
de mil novecientos ochenta y uno.

Guárdame el tiempo,
guárdamelo.

¡Qué no pase ni un minuto,
que nada ciego nazca,
que no se invente un aparato de tortura
ni estalle otra contienda contra el hombre;
que no cacen más pájaros,
que no se malogre la pureza,
que vuelvas
a ser
y aquel esplendor tuyo se mezcle, poderoso,
a mis harapos!

Guárdame el tiempo,
guárdamelo.

Te lo pido con rabia,

con ternura,
con todo lo que no es palabra.
Para que siempre seamos lo estupendo:
hombre y mujer
girando,
nueva especie del mundo;
ya casi un milagro.
Pues me han salido en la cara tus ojos
y a ti en el rostro mi boca,
y no sé cuando te miro si eres tú quien me mira
ni cuando tú me besas
si soy yo quien te ha besado.


Carilda Oliver Labra.

Poeta cubana. Vive en Matanzas y es un personaje que a sus 83 años vive amores, locuras, pasiones y arrebatos como si tuviera 30. Desde la primera vez que la leí quedé atrapada. Nunca he podido conseguir un libro suyo... pero internet ha sido generoso entre sus páginas y correo electrónico.

Empieza octubre, así que deseo que cuando haya luna tengan cielo despejado para poder mirar las que se presumen como las más hermosas del año.
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3 comentarios

  1. Querida Amiga: gracias por compartirnos estos textos tan hermosos, en cada uno encuentro magia, y uno que otro cronopio :)
    y hablando de compartir... cuando nos compartes algo tuyo???

    Desde Mérida...
    Nelly

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  2. Te felicito mujer pez, encontraste el modo más dulce de tomarnos de la mano, para compartirnos la belleza de tu mundo.

    Gracias!

    María Medina

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  3. WUAWWW...¡Qué erotismo y ternura mezclados como en un almirez de boticario!, Gcs por permitirnos aasomarnos a las entrañas de esta maravillosa mujer

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